“Perro viejo no aprende trucos nuevos” -Refrán Popular
Este conocido refrán refleja a la perfección una popular concepción de la mente humana: un cerebro que se desarrolla durante la niñez, una etapa de constante cambio, y que pasa a convertirse en un agente estático una vez superada dicha etapa de formación, perdiendo en el proceso la capacidad de modificarse a sí mismo, de evolucionar y desarrollar habilidades complejas. Sin embargo, la investigación y el análisis de nuestro cerebro nos han llevado a una conclusión contraria: el cerebro es capaz de modificarse y alterar su estructura de manera significativa incluso en la etapa adulta; a dicha capacidad se le denomina neuroplasticidad. Un estudio titulado The neuroplastic brain: current breakthroughs and emerging frontiers (El cerebro neuroplástico: descubrimientos recientes y fronteras emergentes) realiza una síntesis de nuestro entendimiento sobre dicho fenómeno y nos da un vistazo a cómo nuestra mente podría ser más capaz de lo que pensamos.
La mente neuroplastica

Seguramente habrás escuchado alguna vez que el cerebro ya no produce más neuronas en la etapa adulta. Mitos como este muestran cómo se ha visto al cerebro durante mucho tiempo; el interés en el estudio de la neuroplasticidad es algo relativamente reciente, y gran parte de los estudios en el área son de nuestro siglo. Pero esto no significa que sea un fenómeno recientemente descubierto: los primeros estudios en el área se remontan a 1780, con el italiano Michele Vincenzo Malacarne, anatomista quien buscaba poner a prueba una hipótesis: ¿podría el cerebro crecer con el uso, al igual que lo hacen los músculos? Para comprobarlo, comparó el cerebro de animales entrenados con aquellos que no lo habían sido, encontrando que el cerebelo de los animales entrenados era significativamente más grande que el de los no entrenados.
Los estudios actuales nos han mostrado cómo la neuroplasticidad no solo permite al cerebro aprender y desarrollar habilidades, sino que esta capacidad de modificarse a sí mismo cumple un rol esencial en su funcionamiento y mantenimiento. El cerebro altera su estructura y funcionamiento de distintas formas; dichos mecanismos son la neurogénesis, creación de nuevas neuronas; la plasticidad estructural, formación y eliminación de sinapsis (conexiones entre neuronas); la plasticidad sináptica, refuerzo o debilitación de las sinapsis; y la reorganización funcional, cambio en las maneras en que se distribuyen las funciones de distintas partes del cerebro.
Simultáneamente, el hecho de que el cerebro cambie su estructura puede ser un arma de doble filo, puesto que no todos sus cambios son necesariamente benéficos; la ansiedad, por ejemplo, suele estar causada por un exceso de conectividad asociada al miedo.
Estudiar la neuroplasticidad tiene una misión fundamental: entender cómo podemos fomentar cambios positivos en nuestro cerebro y cómo evitar y/o mitigar los efectos negativos que pueden surgir cuando la neuroplasticidad juega en nuestra contra.
Factores que afectan la neuroplasticidad

La neuroplasticidad está modulada por distintos factores, siendo el más evidente de ellos la edad. Durante nuestros primeros años, nuestro cerebro cambia a un ritmo acelerado: nos encontramos descubriendo el mundo a nuestro alrededor, aprendiendo de cada nueva experiencia que vivimos. A medida que transicionamos a la adultez, se desacelera el ritmo al cual se modifica el cerebro, y poco a poco somos más propensos al deterioro cognitivo a medida que envejecemos. A pesar de lo anterior, la plasticidad nunca desaparece por completo, puesto que la misma es necesaria para la memoria, el aprendizaje y el mantenimiento de nuestro cerebro.
Dejando de lado la edad, la plasticidad en los adultos está mayormente definida por el estilo de vida. Una buena alimentación y el ejercicio han probado contribuir a la salud de nuestro cerebro al incrementar la producción de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), una molécula que actúa como un “fertilizante” para el cerebro, contribuyendo a la función cognitiva. Además, la interacción social y los cambios de entorno contribuyen de manera similar a la salud cerebral. Otro factor influyente es el aprendizaje continuo: exponerse a experiencias intelectualmente estimulantes (por ejemplo, aprender a tocar un instrumento) ha probado contribuir al desarrollo del cerebro, prevenir el deterioro cognitivo y las enfermedades derivadas del mismo.
Una mente dinámica
Personalmente, la neuroplasticidad me parece una cualidad fascinante de nuestra mente. Ser consciente de esta facultad nos recuerda que, sin importar tu edad, sin importar quién seas o de dónde vengas, eres capaz de aprender, crecer y cambiar. Nos dice que no somos estáticos, que podemos llegar a ser capaces de mucho más de lo que pensamos, y eso, a mi parecer, es verdaderamente inspirador.
Fuentes y lecturas recomendadas
Consejo Mexicano de Neurociencias. (2022, 11 de abril). Neuroplasticidad. https://www.consejomexicanodeneurociencias.org/post/neuroplasticidad
Gazerani, P. (2025). The neuroplastic brain: Current breakthroughs and emerging frontiers. Brain Research, 1858, 149643. https://doi.org/10.1016/j.brainres.2025.149643
Montagud Rubio, N. (2020, 20 de enero). Factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF): ¿qué es? Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/neurociencias/factor-neurotrofico-derivado-cerebro-bdnf
